
Hoy, no te voy a contar ninguna historia que he vivido, que me han contado o que he presenciado.
No.
Hoy, te voy a hablar de las personas que están encantadas de haber descubierto nuestras camisetas.
Algunas se visten muy discretamente para no llamar la atención por su exagerada timidez. A veces, se esconden entre las demás personas.
Otras no se atreven a expresarse por temor al rechazo. Temen que lo que van a decir no guste.
Las hay que temen algún comentario desagradable de sus hijos. Dicen que no hay nada tan desagradable como un comentario despectivo de un hijo con respecto a su vestimenta.
Algunas prefieren no llamar la atención más que el jefe del grupo. Siempre hay un jefe en la manada al que es mejor no hacerle sombra.
Otras, en cambio, piensan que ya no tienen edad para vestir una camiseta. Como si haber pasado los 40 o los 50 les cubriera de un velo negro.
También las hay que creen que las emociones y la ilusión de una camiseta ya han pasado. ¿A quién no le gustaría sentir, todas las veces que quiera, esas primeras y vibrantes emociones de la infancia?
Como si al ser adultos hubieran perdido el tren de las emociones.
No te preocupes si no te sientes identificado con ninguna de esas personas, es normal.
En ese caso, es casi seguro que sientas curiosidad por saber más.
Quédate el tiempo que quieras.
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PD: Hasta que no experimentas, de verdad, el gustazo de exhibirte con esa camiseta que te quita los sentidos, eres un pardillo.
Hoy, puedes Ser El Tío Ese De Las Camisetas. Día que lo dejas pasar, día que te lo pierdes.
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