Cuando el frío y el calor dejan de importar

No es fácil aguantar un cambio de temperatura de 30º a -36º en medio segundo.

 

Te cuento.

Un sábado de principios de septiembre, salí con un amigo a disfrutar del respiro que el calor nos daba.

 

Salir a la calle y decir qué gusto, no tenía precio.

Aún no podíamos olvidar esos días en que, al poner las narices en la calle, el pelo se te rizaba a lo afro en el acto, hasta el bigote.



Ni siquiera nos apetecía sentarnos a tomar algo, solo pasear, mirar a la gente, disfrutar de cada paso, de cada detalle, de cada momento y sentir el fresquito.

Suficiente.



De pronto, al doblar una esquina y ver el luminoso de la farmacia, nos quedamos helados.

 

Literalmente.

 

El termómetro de la farmacia marcaba 36º negativos.



Sentí un escalofrío recorrer todo el cuerpo.

Temblaba y sudaba al mismo tiempo.

 

Mi brazo derecho, estaba como el hielo.

Creía que me estaba poniendo enfermo.



Con una palmada en el hombro, mi amigo me sacó de ese infierno.

A los pocos segundos, sentí calor, mucho calor.

Al volver a la realidad, hice lo que suelo hacer para relajarme y tranquilizarme mientras respiro hondo hasta sonreír.

A que no te imaginas qué es.

Piensa.

¿Nada?

Chico; piensa un poco.

¿No?

 

Pues es tan simple como pensar en la camiseta que llevo puesta.

Mano de santo.

Y eso hice una vez más.



Luego seguí caminando, con mi camiseta con un diseño que me resbala todo y mi amigo, sin importarme ni el frío ni el calor.




Si ninguna camiseta personalizada te hace olvidar un mal momento, no sabes cuánto te envidio; la primera vez es; ay la primera vez.

 

Y si ya has experimentado esa envidiable sensación me alegro por ti, en cualquier caso, estoy seguro que no dices no si se te presenta la ocasión otra vez.

Y Si para ti una camiseta es solo una prenda, estás de suerte porque vas a experimentar esa primera vez en la que una camiseta te obliga a sonreír mientras te preguntas qué te pasa.

 

¿Quién olvida la primera vez?

Me regalas tu correo electrónico y te demuestro que una camiseta (no sugerida por los AID*) te convierte en lo que muchas veces quisieras ser.

 

 

*AID: Acuerdos Intergalácticos Didácticos.

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