Sentirte alguien sin serlo

El fútbol nunca me ha traído de cabeza.

En este sueño, asisto a un partido de fútbol de la liga femenina.

Un amigo me ha invitado.

Acepto, ¿por qué no? Solo el hecho de que sean chicas es suficiente.

En el estadio, me quedo alucinao al ver la cantidad de gente que hay. No esperaba tanta afición por el fútbol femenino.

Me siento al lado de Juan, que es como se llama mi amigo.

Creo que me ha dicho que juegan el Athletic y el Barça.

No lo tengo claro.

El partido está a punto de empezar.


No conozco a ninguna jugadora, tampoco conozco a casi ningún jugador de fútbol masculino, salvo aquellos que se me cayeron dentro de la sopa una y otra vez.

Juan me señala a una de las chicas que juega de delantera centro del equipo local.

Es una crac y es la máxima goleadora. Tiene una técnica increíble y un olfato de gol impresionante.

La miro con atención, tiene el pelo largo recogido con una coleta. Una estatura media.



Los dos equipos están en sus puestos.

El árbitro pita el inicio del partido.

No pierdo de vista a la delantera centro.



Al cabo de unos pocos minutos, ocurre algo extraño.

Sin darme cuenta, me encuentro dentro del campo jugando de delantera centro.

Siento su cuerpo, su cabello, su ropa, huelo su perfume.

Oigo su pensamiento, su respiración, el latido de su corazón.

Soy ella.

Disfruto cada momento del partido.



Recibo el balón, regateo (yo que siendo nano, si alguna vez he tocado un balón, me decían que era más malo que el sebo, cosa que me sentaba fatal), busco el hueco para disparar.

En una ocasión fallo, en otra marco un gol, corro sin parar.



Perdemos por un gol, remonto defendiendo los colores de mi equipo.

Me olvido de todo lo demás. Solo estamos la chica y yo.



El partido termina con un empate a dos.

He marcado los dos tantos.

¿O ha sido ella?

Los aplausos de entusiasmo y admiración de Juan me sacan de esa increíble experiencia.



Me fastidia pero así son las cosas.



Veo a la delantera centro dirigirse hacia el vestuario. No la pierdo de vista hasta que desaparece.

Juan me pregunta si me ha gustado el partido.

Me ha encantado. Es increíble. Gracias.

De nada.

¿Puedo invitarte a algo, para agradecerte esta estupenda experiencia?

Claro, ¿por qué no?

Y ¿qué tiene que ver mi sueño con camisetas que es a lo que me dedico?

Tiene que ver que ese día me puse una de mis camisetas apropiada para la ocasión: un balón de fútbol con dos zapatos con tacón de aguja y, al acabar el partido, me miraban con gestos de complicidad y también me preguntaban dónde la había comprado.


Ese día vendí 19 camisetas como la que llevaba.

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